sábado, 27 de abril de 2013

PROSTÍBULO VATICANO, cuando las cortesanas gobernaban la iglesia católica.


Hubo un tiempo en el que todo lo que rodeaba a los papas estaba envuelto en guerras, traiciones, muertes y ambiciones. Una época en la que los papados eran relativamente cortos y difícilmente se podía encontrar a algún pontífice que superase los dos o tres años en el cargo.

Asombra el curioso relato de cómo un ermitaño llegó a ser nombrado papa y, tras un cortísimo tiempo calzando las ‘sandalias del pescador’ decidió renunciar al cargo y volver a vivir en la cueva de donde había salido, para finalmente ser traicionado y asesinado por su sucesor.

Odio, traiciones, venganzas y mucho sexo desmedido ha rodeado durante siglos todo lo que estaba relacionado con los pontífices y todos los oscuros personajes que los acompañaban.

Un periodo que fue bautizado como ‘saeculum obscurum’ (edad oscura) y en el que en poco más de 150 años (del 880 al 1046) desfilaron por el ‘trono de San Pedro’ un total de 48 papas.

Sobre todo el periodo correspondiente a los siglos IX y X, rebautizado años más tarde como ‘pornogracia’, fue uno de los más oscuros y en el que (por decirlo de alguna manera suave) más se desmadró todo lo relacionado con la curia romana y el pontificado.

Unos años en los que los papas no eran escogidos en un cónclave, como siglos después se instauró, sino que se compraba y vendía ese puesto al antojo de dos cortesanas que fueron las que manejaron todos los asuntos de cama y salón.

La senadora Teodora fue amante, madre, abuela y mentora de un buen número de papas, lo mismo que su hija Marozia, quienes entre las dos hicieron y deshicieron en los entresijos del Vaticano, existiendo algunas crónicas que describen la época y el lugar como el ‘Reinado de las prostitutas’.

El obispo Liutprando de Cremona dejó una descripción muy gráfica de lo que aconteció durante aquellos años de pornocracia, relatando con todo lujo de detalles cómo eran las fiestas (y orgías) que se organizaban en el Vaticano, a las que asistían desvergonzadas prostitutas que bailaban y deleitaban a los presentes, para finalmente yacer con todos ellos.

También explica como todos los obispos de la ciudad de Roma estaban casados y sus esposas se confeccionaban sus ropas con las sedas de las vestiduras sagradas.

De Teodora cuenta cómo sedujo a un joven sacerdote, del que se encapricho locamente, mandó nombrar Arzobispo de Roma y tras un corto periodo en el cargo nombrarlo papa bajo el nombre de Juan X.

El poder de Marozia, según las crónicas, fue aún mayor que el de su madre. Algunas fuentes se atreven a afirmar que ésta no era hija del cónsul y senador romano Teofilacto I, casado con Teodora, sino que nació de la relación extraconyugal con Juan X.

Por el lecho de la joven Mazoria también pasaron algunos papas o candidatos al puesto, siendo uno de los más destacados Sergio III, con el que tuvo un hijo que fue también nombrado papa con el nombre de Juan XI (el séptimo del periodo de la pornocracia).

Muchas son las fuentes que indican que la leyenda de la Papisa Juana se creó a raíz de Teodora y Marozia

Todos estos personajes estuvieron envueltos en escándalos sexuales, asesinatos y todo tipo de espantos según les iba conviniendo y al son de lo que dictaban las dos cortesanas que realmente gobernaban en el Vaticano: Teodora y Marozia.

Cabe destacar que muchas son las fuentes que indican que la leyenda de la Papisa Juana nació a raíz de estos pérfidos y ambiciosos personajes quienes influyeron en la elección, sustitución y muerte de un gran número de pontífices.

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