martes, 20 de diciembre de 2011

Una del oeste… española AMANECER EN PUERTA OSCURA



Después de dos semanas azarosas en las que he estado de mudanza, cambiando de trabajo y sin conexión a internet, al fín parece que puedo retomar el blog. Si hay por ahí algún improbable lector que haya estado sufriendo por falta de entradas, decir que lo siento mucho pero yo, como todo el mundo, soy yo y mis circunstancias. Yo era el primero que tenía ganas de seguir poniendo por aquí estas cosas absurdas que salen de mi mente.

La película que comento es la que se proyectó finalmente en el cineforum, por otra serie de circunstancias que tampoco voy a explicar aquí, quedando "La última noche", de Spike Lee, para la siguiente sesión. A ver como me las arreglo para seguir asistiendo a La Casa de las Palabras, aunque sea de vez en cuando. Por ahora solo voy a poder ir algún fín de semana... Bueno, centrándome en lo que tengo que centrarme, José María Forqué fue un buen director de cine, con una filmografía claramente influenciada por la difícil época que le tocó vivir, donde caben joyas como "Atraco a las tres" junto a títulos como "¡Qué verde era mi duque!", que no he llegado a ver, pero que intuyo que no puede compararse a la obra maestra de John Ford.
"Amanecer en Puerta Oscura" es seductora por varios motivos. Es buena recreación de época, es muy entretenida, mantiene la tensión y la interpretan actores con mucho oficio. Se advierte que no está realizada con grandes medios, pero estos están plenamente aprovechados. El metraje tiene la estructura de un western, situado en la Málaga del siglo XIX, en el que unos forajidos deben huir de los representantes de la ley (en este caso no el sheriff, sino la Guardia Civil) en un penoso camino en un intento desesperado de tomar un barco que terminará llevándoles a las Américas para empezar una nueva vida. El personaje de Paco Rabal está magníficamente presentado, con esa moral ambigua, esas risotadas con fondo de angustia y la mirada fiera y miedosa al mismo tiempo de animal continuamente hostigado por sus cazadores. Ningún personaje, a excepción del fraile de las montañas, es presentado como absolutamente bueno o malo, todos destacan por sus matices grises, lo que es de agradecer en una realización española de los años cincuenta. Hasta la Guardia Civil tiene una presencia más amenazadora que heroica.

Lo más conocido de la película son las imágenes finales de Nuestro Padre Jesús el Rico. La ceremonia real no tiene nada que ver con la que se nos muestra aquí, pero así la tensión dramática se eleva hasta grados insoportables. Cristo perdona a uno de los tres criminales al pie del cadalso (también se podría decir que condena a dos de ellos, pero no me voy a meter en esos debates), lo cual sería una gran idea para engrandecer aún más si cabe la Semana Santa malagueña frente a la de Sevilla, rival a batir desde hace años. Imaginénse una retrasmisión televisiva con Julián Muñoz, Pedro Román y el alcalde de Alcaucín esperando en el patio de la Aduana (con o sin horcas preparadas, que la imaginación es libre), esperando a que llegue el Santísimo Cristo para ver quién se salva y la audiencia votando y mandando mensajes de ánimo a los protagonistas, con las masas enfervorecidas en la calle Alcazabilla, jaleando al Cristo en su camino, ante el calvario de tener que tomar tan penosa decisión. Sería algo difícil de superar.

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