lunes, 27 de enero de 2014

TAL COMO ÉRAMOS.

Un castellano de hace 7.000 años, moreno con ojos azules.
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Todo comenzó con un recorte de prensa. Julio Manuel Vidal Encinas, arqueólogo provincial de León, tuvo que enterarse el 20 de noviembre de 2006 del hallazgo de un esqueleto humano -aparentemente de la Edad de Bronce- por la portada de La Crónica-EL MUNDO de León. El experto solicitó a los Juzgados de Instrucción de León -que, naturalmente, abrieron diligencias por si se trataba de un hecho criminal actual- que le dejaran acompañar a la Guardia Civil en la primera visita a la cueva de la La Braña por mandato judicial. Y se lo permitieron.
Pero para cuando se produjo, los excursionistas -pertenecientes a un grupo de parapente que se dedicaba al excursionismo o la espeleología cuando hacía mal tiempo- ya habían acudido multitud de veces al lugar del hallazgo, moviendo los huesos e incluso se habían fotografiado, y colgado las imágenes en internet, sosteniendo la calavera en la mano.
«Es lamentable, pero en arqueología los hallazgos casi siempre son casuales y estas cosas suceden», cuenta Vidal Encinas. «Yo entré con la Policía en aquella primera visita, pero no me hicieron falta más de 15 segundos para darme cuenta de que ellos estaban allí perdiendo el tiempo», cuenta. Uno de los primeros signos de la antigüedad que percibió el arqueólogo fue la formación de una pequeña estalagmita sobre una costilla de uno de los dos cuerpos encontrados.
El equipo del que se rodeó el arqueólogo provincial de León llevó a cabo el estudio antropológico, el análisis isotópico de la paleodieta de estos individuos e incluso la interpretación de los colmillos atrofiados de ciervo que usaban como adornos en sus ropas. «Pero éramos escépticos acerca de que se pudiera llevar a cabo el análisis de ADN tan contaminado», reconoce Vidal Encinas. Sin embargo, el avance de las técnicas para descifrar secuencias genéticas antiguas -las que han permitido secuenciar recientemente el genoma de uno de los homínidos de Atapuerca, de 400.000 años- lo ha hecho posible.
La piel oscura de estos cazadores recolectores proviene de las variantes genéticas africanas para este caracte
La piel oscura de estos cazadores recolectores proviene de las variantes genéticas africanas para este caracter«Es lamentable, pero en arqueología los hallazgos casi siempre son casuales y estas cosas suceden», cuenta Vidal Encinas. «Yo entré con la Policía en aquella primera visita, pero no me hicieron falta más de 15 segundos para darme cuenta de que ellos estaban allí perdiendo el tiempo», cuenta. Uno de los primeros signos de la antigüedad que percibió el arqueólogo fue la formación de una pequeña estalagmita sobre una costilla de uno de los dos cuerpos encontrados. Las sospechas de Vidal Encinas fueron corroboradas por las dataciones: ambos individuos rondan los 7.000 años de antigüedad, es decir, pertenecen al Mesolítico.
El equipo del que se rodeó el arqueólogo provincial de León llevó a cabo el estudio antropológico, el análisis isotópico de la paleodieta de estos individuos e incluso la interpretación de los colmillos atrofiados de ciervo que usaban como adornos en sus ropas. «Pero éramos escépticos acerca de que se pudiera llevar a cabo el análisis de ADN tan contaminado», reconoce Vidal Encinas. Sin embargo, el avance de las técnicas para descifrar secuencias genéticas antiguas -las que han permitido secuenciar recientemente el genoma de uno de los homínidos de Atapuerca, de 400.000 años- lo ha hecho posible.
Los restos fueron manipulados por quienes los hallaron e incluso llegaron a fotografiarse con el cráneo en la mano
Ahora, casi ocho años después del hallazgo, una investigación dirigida por Carles Lalueza-Fox, uno de los mayores expertos mundiales en ADN antiguo, acaba de presentar lo que se ha convertido en el primer análisis del ADN completo de un cazador recolector europeo del Mesolítico, antes de la aparición de la agricultura en las sociedades humanas.
El trabajo, publicado hoy en la revista Nature, ha permitido a los investigadores revelar que estos hombres prehistóricos tenían un aspecto físico -un fenotipo- que no existe en la actualidad en toda Europa, dominado por una piel muy morena y ojos de color azul. La recreación realizada por el equipo científico (y que acompaña esta página) es prudente con la tonalidad de piel porque, según aseguran los propios autores, no pueden saber el tono exacto. El color de piel de este cazador recolector está determinado por la versión africana de los genes que determinan la piel clara en los europeos actuales.

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